sábado, 9 de julio de 2016

Una mirada 200 años atrás


Aún se sentía la alegría de aquel veinticinco de Mayo de mil ochocientos diez, y se hablaba de aquellos símbolos aprobados por la Asamblea del año XIII.
En cada tertulia elogiaban el escudo o mostraban la escarapela blanca y azul-celeste. Se oía la "Canción Patriota" compuesta por Vicente López y Planes con música de Blas Parera, y más de uno recordaba cuando fue entonada por primera vez en casa de Mariquita Sánchez de Thompson.
La moneda con el sol de mayo circulaban recordándoles a los ciudadanos que ellos ya eran Las Provincias Unidas del Río de la Plata.  
Sin embargo las batallas se continuaban entre «Realistas» e «Independentistas», varias ya se andaban perdiendo pero muchas se habían ganado y más se estaban por ganar.
Aunque el rumor, que se venía instalando desde mil ochocientos catorce, de que Fernando VII había vuelto al poder y desconocido la Constitución de Cadíz y a todas las Juntas empezó a hacer ruido entre los espíritus independentistas de muchos criollos y varios españoles.
El miedo se acrecentó aún más cuando se supo que Fernando VII pretendía recuperar sus territorios americanos, mandando más tropas realistas.
El Ejercito del Norte, ya en manos del General San Martín, estaba dispuesto a hacerle frente. Mas eso solo no bastaba y Las Provincias del Sud lo sabían, por lo que sin falta en Marzo de mil ochocientos dieciséis en casa de Francisca Bazán de Laguna convocaron a un Congreso.
Treinta y tres diputados reunidos en Tucumán comenzaron a hablar de la idea de declarar la independencia, la ruptura política con los lazos coloniales que ataban a las Provincias a la corona Borbónica.
 Apasionados intercambios se dieron en esos meses que llevó el Congreso reunido. Cada cuál expuso su punto de vista, iniciando luego una votación que se concreto el nueve de Julio de ese mismo año. El resultado lo dejo en manos de esas voces que nos precedieron hace ya doscientos años...

 
«En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a nueve días del mes de julio de 1816: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España, los representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, pueblos representados y posteridad. A su término fueron preguntados ¿Si quieren que las provincias de la Unión fuese una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli? Aclamaron primeramente llenos de santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del país, fixando en su virtud la declaración siguiente:


«Nos los representantes de las Provincias Unidas en Sud América, reunidos en congreso general, invocando al Eterno que preside el universo, en nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas, y cada una de ellas, así lo publican, declaran y ratifican comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, baxo el seguro y garantía de sus vidas haberes y fama. Comuníquese a quienes corresponda para su publicación. Y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración». Dada en la sala de sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros diputados secretarios».

Y antes de que el veintiuno de Julio la jurasen todos ante el gobernador, se le agregó...

....y toda otra dominación extranjera».

A partir de aquí una Nación se levantaba, incipiente, tímida, mirando con esperanzas hacia el futuro. Las Provincias Unidas del Sud, el inicio de la Nación Argentina, la unión de provincias, credos, etnias. La unión de ideales, sueños, metas. La historia escrita en tinta de varios colores, incluso de sangre, promesas muertas, voces olvidadas. Cosida de recuerdos selectivos, de memorias colectivas y olvidos colectivos. Arañada con enfrentamientos entre hermanos y extranjeros. Agrietada por la demagogia y la hipocresía. Teñida de buenas intenciones, y malas acciones. Canchera, altiva, orgullosa, creída. Narigona, rubia, blanca, negra, parda, baja, alta, india, criolla. Sol en la bandera y en el día a día. Mezcla de ideologías, tradiciones, creencias, costumbres, valores. Con tangos, chacareras, chamame, mate, mantecol, fútbol, pato, zamba. Asados con amigos, tristezas en los barrios humildes, hambre entre los indígenas, muertes inexplicables, y logros inimaginables. Polo, truco, rugby, una lágrima o un cortado, el diario, el bondi. Los aumentos, los gritos de los vecinos y los niños, las risas, los llantos. La justicia, la falta de ella, la viveza, el esfuerzo. Solidaridad e indiferencia. Las medialunas, los churros, las tortas fritas, el locro. Los tacheros, los abuelos, la familia. Los que en barcos llegaron, los que ya estaban.
Tu corazón, el mío, el nuestro late en estos doscientos años de independencia, de historia de esta loca y querida Argentina...

¡Viva la Patria Carajo! ¡¡¡Feliz Bicentenario de la Independencia!!!